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las aceras

Las aceras no son importantes porque aporten una alternativa sensata desde el punto de vista ambiental, ni porque caminar sea más saludable que conducir, ni porque las zonas peatonales tengan un sabor agradablemente anticuado; sino porque son el conductor primario para el flujo de información entre residentes de la ciudad. [Johnson,2003:p.85]
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auto-organización

La ciudad es compleja porque tiene una personalidad coherente, que se autoorganiza a partir de millones de decisiones individuales, una suerte de orden global construido a partir de interacciones locales. La auto-organización describe el sistema de la ciudad en sí mismo y no su recepción empírica por parte del habitante. [Johnson,2003:19,37]
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sobrecarga sensorial

La vida urbana de la Ciudad de México se caracteriza por presentar diferentes matices multisensoriales. Hablando principalmente de estímulos auditivos, táctiles, visuales y olfativos, que no siempre resultan placenteros. Ese fuera al que nos vemos arrojados, como habitantes de ella, resguarda una polifonía particular en cada sitio.
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ensamblajes

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la multitud

Nuestra ciudad todavía es escenario de multitudes de diversa índole, entre ellas encontramos por ejemplo a la multitud que se congrega para escuchar un concierto de jazz al aire libre, aquella que se dirige a un partido de fútbol en el Estadio Azteca, la que converge en la Feria de la Nieve en Xochimilco, la que se reúne en mítines políticos, o la que marcha por los 43 normalistas de Ayotzinapa hacia la plaza de la Constitución. Y más ordinariamente, nos topamos con la multitud que se dirige a la escuela, a su trabajo, a su hogar, a diario, tal como nosotros lo hacemos.
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el metro

El metro de la Ciudad de México es un claro ejemplo de autoorganización (lo cual no quiere decir que se lleve a cabo en óptimas condiciones), visualizando el todo como algo superior a los elementos individuales que le conforman, en este caso, los seres humanos. La masa que se mueve en el metro subterráneo parece ciertamente adquirir comportamientos emergentes. A pesar de que generalmente el espacio no es orientado, el movimiento de esa masa se comporta como si supiera de antemano hacia dónde dirigirse.
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tejidos comunitarios

el paisaje urbano alberga patrones de conducta humana y toma de decisiones que han sido inscritos en la textura de los edificios. Siendo como una máquina de amplificar patrones, los barrios de la urbe encarnan la medida y expresión de la conducta grupal y comparten la información con el grupo. Dada la retroalimentación por los patrones hacia la comunidad, pequeños cambios de conducta pueden convertirse en movimientos mayores. [Johnson,2003:38]
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interacción

Un sistema complejo es un sistema con agentes múltiples que interactúan en forma dinámica de múltiples maneras, siguiendo reglas locales e independientes de cualquier instrucción de un nivel superior. Dentro de éstos, existen aquellos llamados “sistemas emergentes”, a los cuales pertenece la ciudad. “Diseñar una ciudad sin aceras es como construir un cerebro sin axones ni dendritas. Una ciudad sin conexiones no es una ciudad en absoluto [Johnson,2003:131]
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polifonía sensorial

En el caso de la estación del Metro Bellas Artes,los estímulos sensoriales pueden retroalimentar negativamente la conducta de la gente (el estrés laboral es retroalimentado por el ruido, las vibraciones, el contacto físico, la sensación térmica). Arriba, la polifonía percibida provoca reacciones distintas : ante aquél estrés ejercido por los estímulos del trayecto subterráneo, la atmósfera externa ejerce un ciclo de estabilización sobre las emociones de los visitantes.
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el afuera y el adentro

Cuando estamos fuera, lo que queremos es “llegar”, no importa el espacio ni el tiempo recorridos, sólo el instante en que atravesamos el umbral, el momento preciso en que cerramos la puerta a nuestras espaldas. Y ello resulta gratificante si aquél dentro se trata de nuestro espacio, donde gustamos estar, donde podemos habitar, donde nos sentimos en casa. Pero, ¿cuánto tiempo estamos afuera?, ¿por qué no podemos sentirnos en casa “dentro de ese afuera”?
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la soledad

La ruptura, cualquiera que ella sea –con nosotros mismos, con lo que nos rodea, con el pasado o con el presente–, engendra un sentimiento de soledad. Y al habitar en ella, oscilamos “entre la entrega y la reserva, entre el grito y el silencio, entre la fiesta y el velorio, sin entregarnos jamás”. El mexicano, dice Octavio Paz, no trasciende su soledad, se encierra en ella. [Paz,1958:104]
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la poética

Así como Bachelard propone tomar los documentos literarios como realidades de la imaginación, podríamos proponer una realidad más allá de la vida cotidiana, escondida en la arquitectura y la ciudad misma, pues ¿por qué los actos de la imaginación no habrían de ser tan reales como los actos de la percepción? Esas imágenes, que hemos olvidado a formar sus habitantes, podemos recibirlas de manos de los poetas. Como diseñadores, hemos de acudir a la poesía para hacerlas latentes.
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el habitar urbano

No resulta descabellado intentar concebir el acto de recorrer el espacio como forma estética dentro de la realidad de la vida cotidiana; reconfigurar el andar como objeto de la producción arquitectónica y urbana; pasar de la idealización del progreso, al habitar la ciudad de la banalidad, con el fin de llegar a la unión del arte con la vida, de lo sublime con lo cotidiano. Transformar la realidad en algo maravilloso con la construcción de situaciones en la vida diaria, ya que “La poesía está contenida en la forma de la ciudad”, sólo hay que aprender a habitar las multitudes.
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le flanêur

El flâneur que describe Walter Benjamin es un observador de la multitud informe, que permanece pasivamente en un café, protagonizando a un espectador errante que mira curiosamente la arquitectura urbana y sus paisajes. Éste personaje del siglo XIX se encuentra ligado a lugares tan comunes como vulgares, lugares alejados de lo sagrado.Los paseos parisinos del flâneur encarnan la entrega inocua a las novedades de la transformación urbana y sus experiencias.
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sensus communis

El sensus communis implica la formación del hombre, que se refiere a un cambio espiritual; esto es un ascenso de lo particular a lo general, un reconocimiento de sí mismo en el ser otro. Esto es lo que funda la comunidad, ya que aquello que orienta la voluntad humana es la generalidad concreta que representa la comunidad de un grupo, un pueblo, una nación o del género humano en su conjunto.
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la calle

"La calle es el primer rostro de la ciudad. Aunque se halle dormida, cerradas sus puertas y ventanas, la calle es espacio de tránsito y complemento del diálogo que con la urbe establecemos. Niños de la calle llamamos a los hijos de la noche; arroyo se denomina a la calle; andar en la calle denominamos a la situación en la que no tenemos nada. Nada sino la calle misma, su espacio que es al mismo tiempo refugio y campo de batalla, lugar para el encuentro y sitio de comunión entre el caminante y el cuerpo de la ciudad."[Quirarte,2001:665]
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la realidad urbana

Muchos de nosotros no decidimos vivir en la ciudad, simplemente al vernos arrojados a esa realidad dada, nos encontramos con todo un sistema construido, “ordenado” y vivo. Quizá para aquellos quienes la ciudad misma, con sus ritmos y movimientos, conforma la “cosa” más obvia de su existencia, resulte difícil visualizar la complejidad que se esconde detrás de sus aspectos cotidianos.
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la diferencia

Históricamente, la ciudad ha sido un buen campo de cultivo de “nuevos híbridos culturales”, pues ha favorecido las diferencias individuales y reunido personas de los “confines de la tierra” porque son diferentes, y siendo así, son útiles unas a otras. Sin embargo, aunque la ciudad “produce una población sumamente diferenciada, también ejerce una influencia niveladora”.
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formas de contacto

La ciudad se caracteriza por contactos secundarios entre sus habitantes, no primarios, los cuales pueden ser “cara a cara” –por ejemplo en los trayectos cotidianos– pero no obstante, son superficiales, impersonales, transitorios y segmentados. En el medio urbano, “nuestros contactos físicos son íntimos, pero nuestros contactos sociales son distantes”.
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el automóvil

El automóvil presenta la “reducción experiencial del espacio recorrido a un transecto que une el lugar de partida con el de llegada”[Lindón:71] Aquellos cuyos trayectos cotidianos son acompañados indubitablemente por sus automóviles, se mantienen “fuera” de la vida de la ciudad, pues la encuentran desagradable, desconcertante, amenazadora por su caos y dureza, recluyéndose dentro de su “oasis de calma y seguridad”.[Bauman:102]
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orden pre-establecido

La realidad de la vida cotidiana se presenta constituida por un orden de objetos que han sido designados antes de que cada uno haya sido arrojado al mundo. Su estructura temporal proporciona la historicidad que determina nuestra situación en el mundo, conservando su acento de realidad. [Berger:45-46] La ciudad representa, para quienes nacimos en ella, esa situación pre-existente y ordenada, cuyos ritmos regulan los propios (8:00am y 7:00pm: “horas pico”; domingos, días de descanso, caos de “viernes de quincena”).
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transitar

La experiencia diaria en la ciudad se reduce a los tránsitos, es decir, ir de un lado a otro, atravesar el espacio, romper la barrera de la distancia. Lo cual ha de implicar reducir los trayectos a unos puntos unidos por el desplazamiento cotidiano, sin tener conocimiento o interés alguno por lo que media entre los extremos. [Lindón:71] Aunque el espacio público sea compartido y partícipe de éstos, los tránsitos del ciudadano se experimentan en condiciones diversas y de manera particular.
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el miedo

Las ciudades, de ser un lugar relativamente seguro, han pasado a relacionarse más con el peligro que con la seguridad. Las formas que armonizan con el paisaje urbano, contribuyen a “normalizar” el estado de emergencia en el que diariamente vivimos los habitantes urbanos –adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella: “Hoy en día existen viviendas en todo el mundo que sólo sirven para proteger a sus habitantes, no para integrar a las personas en sus comunidades”[Bauman:175,104-105]
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el espectáculo

La gente apresurada no penetra en el “mundo pequeño” de la atención, sólo transita linealmente, siguiendo el hilo de aquello que tiene que hacer durante su jornada; y cuando no rige la prisa, su atención la acapara el espectáculo de nuestros tiempos, latente a lo largo y a lo ancho de nuestro espacio público, encarnado en los centros comerciales, los escaparates y las pancartas publicitarias; siendo como un acto de prestidigitador, que sorprende y divierte. [Bachelard,1975:194]
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